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19 Jul 2021

La bioeconomía, llamada a frenar el cambio climático

La biomasa, más allá de las ventajas energéticas y socioeconómicas que impulsa en los territorios, es fundamental para alcanzar los objetivos de neutralidad en Europa debido a la inmensa capacidad de inducir beneficios medioambientales

Las olas de calor, los incendios forestales y las sequías son cada vez más frecuentes e intensas, pero también son más extremos los temporales, las inundaciones y otros fenómenos asociados al frío. El calentamiento global ya no es un problema del futuro, es una situación que hay que atajar de inmediato si se quiere preservar la biodiversidad, frenar la propagación de enfermedades y evitar la deforestación y la desertización del planeta.

La crisis climática se ha vuelto una de las principales preocupaciones de la Unión Europea, que ve la necesidad de explotar las energías limpias y renovables para frenar las emisiones netas mundiales de CO2 de origen antropogénico. Desde Bruselas se aboga por un futuro climáticamente neutro de aquí a 2050. Abandonar el uso de combustibles fósiles y reducir las emisiones netas en al menos un 55 % en 2030 respecto a los niveles de 1990 para limitar el calentamiento a 1,5 °C a finales de siglo deben ser un pilar fundamental de los planes y estrategias nacionales.

Así, desde España, se sigue la estela europea, trabajando para lograr descarbonizar el sistema energético en esta década. Disminuir en un 23 % las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) respecto a 1990 es una meta que se persigue en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC) y en la recién aprobada Ley de Cambio Climático y Transición Energética, que además fija como objetivos a 2030 alcanzar un 42% de penetración de energías renovables en el consumo de energía final (frente 20% actual) y un sistema eléctrico con un 74% de generación a partir de energías renovables (frente al 40% actual).

Pero el cambio climático no solo es una amenaza global que produce graves consecuencias medioambientales y sociales. En las peores previsiones también implica enormes pérdidas económicas y, por ende, una crisis, como la que el mundo atraviesa actualmente.

Para liderar el camino hacia la recuperación, en España se ha diseñado el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, que tiene como núcleo central las iniciativas del Acuerdo Verde de la UE, incluida la economía circular, las energías renovables, una “ola de renovación” de edificios e infraestructura y el transporte limpio, entre otras actividades. Sin embargo, esto no es suficiente debido a la creciente demanda de alimentos y energía, por lo que es indispensable encontrar nuevas formas de producir, consumir, transformar, almacenar y reciclar.

Es aquí donde entra en juego la bioeconomía, clave para reducir la dependencia de combustibles fósiles, transformar la fabricación e impulsar nuevos modelos productivos sostenibles con alto valor añadido, bien en el ámbito energético, bien en el ámbito de los bioproductos.

La biomasa como base de la bioeconomía

La biomasa es la fuente renovable más utilizada en la UE con cerca del 60 % de contribución, consolidándose así como una energía fundamental para alcanzar los objetivos de neutralidad en Europa y, por tanto, también en España. De hecho, en el PNIEC se destaca el gran valor de la biomasa como alternativa a los combustibles fósiles en instalaciones de generación térmica, por la facilidad de sustitución en sistemas existentes y la gran disponibilidad de recursos biomásicos.

El territorio español es el tercer país europeo por recursos absolutos de biomasa y el séptimo en términos de consumo per cápita al contar con una superficie forestal de 27.664.674 hectáreas (57 % del total) y al ser el primer productor mundial de aceite de oliva y el primer productor europeo de ganado porcino. No obstante, se encuentra a la cola del ránking por aprovechamiento de los mismos.

Esta infrautilización hace cuestionarse si el poco desarrollo e implementación del sector se debe a la falta de compromiso político o porque no existen directrices ni políticas que lo apoyen. Porque masa crítica hay, solo hace falta una hoja de ruta que marque la dirección a seguir. Afortunadamente, existe. Se trata de la Agenda Estratégica de Investigación e Innovación de la Biomasa y de la Bioeconomía descarga publicada por BIOPLAT a finales de 2020, que aspira a servir como guía para conseguir una implementación efectiva, sostenible y eficiente de la bioeconomía en España a lo largo de esta década.

Esta agenda, determina las áreas estratégicas en las que investigar e innovar en materias primas biomásicas, bioenergía y bioproductos para conseguir optimizar procesos y aumentar la competitividad en las producciones de forma sostenible, permitiendo consolidar la bioeconomía en las distintas regiones de España.

Extender y optimizar la respuesta técnico-económica y medioambiental de los procesos que intervienen en la generación de bioenergía resultará clave en esta década, para lo cual hay que avanzar en la adaptación de antiguas centrales de carbón a biomasa, en hibridar con otras tecnologías renovables, en optimizar ahorros en el ciclo completo de la biomasa, en pretratamientos avanzados de las materias primas, innovar en los procesos de combustión para aumentar la eficiencia energética y control de las emisiones, integrar las biomasas como combustibles en procesos industriales, aprovechar la fracción biodegradable de los residuos municipales, la transformación de biogás en biometano, en la producción de biocarburantes avanzados, biolíquidos y biocombustibles sostenibles para aviación, además de en tecnologías de producción de hidrógeno a partir de biomasa.

Es en esta economía de base biológica donde las biorrefinerías tendrán un papel fundamental. España cuenta con una posición estratégica para el desarrollo e implementación de este tipo de refinerías que, en vez de utilizar combustibles fósiles como materia prima, emplea biomasa para generar tanto energía como biocombustibles, biomateriales y bioproductos, que pueden ser comercializados en el sector alimentario, químico, biotecnológico, textil, cosmético y farmacéutico. De esta manera, se cierran los ciclos productivos, se minimizan las emisiones de carbono, y se diversifica y se genera valor añadido al negocio.

¿Pero cuál es la clave de todo esto? Más allá de las ventajas energéticas, la biomasa tiene la capacidad de inducir beneficios medioambientales y socioeconómicos estratégicos para las regiones basados en modelos productivos sostenibles e innovadores (biocombustibles para descarbonizar el sector de la aviación, biometano como sustituto del gas natural, biomasa para generar bioenergía y bioproductos, el aprovechamiento íntegro de los subproductos del olivar, biorrefinerías para sacar el mayor provecho a los residuos urbanos, etc.).

Una apuesta valiosa

Si bien es importante la producción de bioenergía y de bioproductos, es más importante aún la capacidad que tiene el sector de generar valor añadido. La valorización energética de biomasas es una fuente de actividad económica con un marcado componente industrial y con capacidad destacada de generación y mantenimiento de empleo, especialmente en zonas rurales, que es donde se encuentran mayoritariamente los recursos biomásicos procedentes de los montes, los campos, las explotaciones ganaderas y las industrias.

Esta capacidad de fomentar el empleo genera unos beneficios socioeconómicos muy importantes con unas connotaciones positivas para todo lo relacionado con la España vaciada y para ese reto demográfico y de transición justa al que se está enfrentando el país.

Asimismo, el valor añadido del uso de la biomasa como materia prima también ayuda a salvaguardar el medioambiente. La valorización y la gestión sostenible de las corrientes de subproductos y residuos contribuyen a la reducción de los incendios forestales, así como a la mitigación de las emisiones de CO2.

Que la Tierra necesita ser socorrida es ya una realidad y todo apunta a que, si no se logran los objetivos de neutralidad marcados por la Unión Europea, las temperaturas extremas, las inundaciones, los incendios, e incluso las pandemias, se volverán habituales en nuestro día a día. Es por ello que resulta necesario diversificar, abrir el abanico de recursos y reutilizar o reciclar las biomasas que están a nuestros pies. Y es que España cuenta con el potencial suficiente para promover un modelo socioeconómico basado en el desarrollo sostenible que contribuya activamente a mitigar el cambio climático: la bioeconomía.

Artículo elaborado por BIOPLAT para FuturEnviro 


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