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Biomasa: una prioridad frente al cambio climático

Mercedes Ballesteros

Jefa de la División de Energías Renovables del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT)

Miembro del Grupo Coordinador de BIOPLAT

La Comisión Europea está decidida a desarrollar una economía baja en carbono para 2050 (1), y para ello está trabajando para incorporar al marco legal el concepto de economía verde. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (2), la economía verde se define como aquella economía “baja en carbono, eficiente en el uso de los recursos y socialmente inclusiva” cuyo objetivo es la mejora del bienestar humano y la equidad social, mientras que se reducen significativamente los riesgos medioambientales.

En este contexto, la bioenergía está llamada a satisfacer una proporción cada vez mayor de nuestras necesidades energéticas, tanto en el sector del transporte, como en el térmico y eléctrico. La aportación de los biocarburantes avanzados será especialmente importante en los sectores de la aviación, la navegación marítima y el transporte de mercancías por carretera, dada la escasez de alternativas viables para su descarbonización.  Asimismo, la producción de frío y calor, y la hibridación de la biomasa con otras renovables, también abrirá las puertas a nuevos mercados para la utilización energética de la biomasa. En el creciente mercado de la energía solar y eólica, la bioenergía puede ser clave como energía de respaldo al contar con una buena flexibilidad y capacidad de aportar carga base.

Es preciso, por tanto, crear los instrumentos necesarios para una transición desde una sociedad basada en la utilización de recursos fósiles a otros de tipo biológico, con la investigación y la innovación como motores, que concilie las demandas de gestión sostenible de la agricultura, la pesca, la seguridad alimentaria y la utilización sostenible de los recursos biológicos renovables, garantizando al mismo tiempo la biodiversidad y la protección del medio ambiente.

La bioenergía realiza una valiosa aportación a la sociedad en diversos ámbitos, más allá de su genuina contribución hacia un modelo energético basado en la utilización de energías renovables. Por un lado, resulta relevante su contribución en materia de política social ya que genera puestos de trabajo estables, bien remunerados y supone una nueva fuente de ingresos para las industrias locales. Por otro, desempeña un importante papel en la preservación del medioambiente, tanto por su importante contribución a la reducción de emisiones de CO2, como por su impacto positivo en la gestión de los ecosistemas como el que se deriva de la gestión sostenible de los montes. Desde el punto de vista de los agricultores, la posibilidad de poner en valor tierras que han quedado fuera de producción por falta de rentabilidad o nuevas áreas agrícolas en las que se pueden implantar cultivos energéticos, supone un equilibrio en sus ingresos anuales a través de un mercado más amplio para sus productos. Estimulando la inversión económica y la innovación tecnológica es posible desarrollar un modelo de agricultura que garantice que la biomasa se cultive de un modo sostenible y que no interfiera con la productividad de la agricultura alimentaria.

Puesto que uno de los objetivos principales de la producción de energía derivada de la biomasa es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, es por lo tanto imprescindible tener en cuenta dónde y cómo se produce y extrae la biomasa. España dispone de abundantes recursos de biomasa que pueden ser utilizados con fines energéticos. De acuerdo a los datos aportados por BIOPLAT (3), cada año se acumulan 32 millones de m3 de madera (biomasa) en los montes españoles, de los cuales 18 millones de m3 podrían ser extraídos para uso energético. Este hecho, unido a que una gran extensión de tierras cultivadas está quedando fuera de producción por falta de rentabilidad, dan idea del gran potencial nacional de recursos biomásicos para bioenergía y otros usos disponibles. Además, España posee el 20% de la cabaña porcina de la Unión Europea, con más de 25 millones de cabezas que generan más de 72 millones de toneladas anuales de residuos ganaderos.

En definitiva, la bioenergía es un sector clave para la transición del actual modelo económico basado en la utilización de los recursos fósiles hacía una nueva bioeconomía basada en los recursos orgánicos renovables, es decir, en la biomasa. Si somos capaces de impulsar una producción de biomasa responsable en origen, que sea efectiva contra la pobreza y el cambio climático, estableciendo un sistema internacional de certificación que incluya la comprobación de las emisiones de gases de efecto invernadero que producen y la prosperidad y el nivel de bienestar social que generan en las comunidades rurales, el futuro de la biomasa energética se vislumbra esperanzador.

 

REFERENCIAS:

  1. Communication COM (2011) 112 final from the Commission to the Council, the European Parliament, the European Economic and Social Committee and the Committee of the Regions. A Roadmap for moving to a competitive low carbon economy in 2050. En: http://ec.europa.eu/transparency/regdoc/rep/1/2011/EN/1-2011-112-EN-F2-1.Pdf.
  2. UNEP, 2011, Towards a Green Economy: Pathways to Sustainable Development and Poverty Eradication – A Synthesis for Policy Makers, www.unep.org/greeneconomy Potential.
  3. AFI, (2015), Sector de La Bioenergía en España En: http://www.bioplat.org/setup/upload/modules_docs/content_cont_URI_3886.pdf.

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